6 nov. 2012

Ya nada importaba.
Yo era el viento. El aire que chocaba con mi cuerpo, el cuerpo que rompía el aire.
Era las flores del campo. Aquellas flores por las que pasaba un alma, el alma que recorría las flores.
Era el sol. El sol que lo cubría todo, él que sentía en todas las partes de mi cuerpo y que lo alumbraba todo.
Era esa niña corriendo por el valle con el pelo suelo y un vestido azul. Era aquel ángel que bailaba con las flores. Era esa sonrisa, esa risa, esa mirada. Era la inocencia hecha carne. 
Fui ese momento.
Lo fui todo.
Y por eso ya nada importaba.

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