26 oct. 2013

No hay nada que decir sobre una muerte injusta, nada en absoluto. 

De la rama de un olivo había suspendida una pequeña crisálida de color esmeralda. 
Mañana ella será una preciosa mariposa liberada de su capullo. 
El árbol se alegraba de ver crecer a su crisálida, pero en secreto habría preferido conservarla algunos años más, con tal de que se acordara de mi la habría protegido del viento, la habría salvado de las hormigas. 

Mañana, sin embargo, ella le abandonaría para afrontar sola los depredadores y la intemperie. 
Aquella noche un gran incendio asoló el bosque y la crisálida nunca se convirtió en mariposa. 
Por la mañana, apagado el incendio, el árbol aun se mantenía en pie pero con el corazón carbonizado, corroído por las llamas, corroído por el luto. 
Desde entonces, cuando un pájaro se posa en el olivo, el árbol le habla de la crisálida que nunca despertó, la imagina con las alas desplegadas, ondeando en el azul del cielo azul, ebria de azúcar y de libertad, testigo privilegiada de nuestras historias de amor. 

 Profesor Lazhar (2011)

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