No era mediodía todavía pero el reloj de acercaba peligrosamente amenazando con los movimientos de las manecillas. Pensé que el tiempo estaba avanzando demasiado rápido pero no lo suficiente, si seguía así significaba que solo me quedaba menos de una hora de vida, o mejor dicho de felicidad, de una existencia cuerda pero la llegada de esa hora se estaba haciendo esperar. Era una muerte lenta y dolorosa la que estaba sufriendo, podía ver y sentir como mi esperanza empezaba a fallecer. El dolor seria insoportable ya lo estaba viniendo venir. Se acercaba directamente a la mesa en donde me encontraba sentado tomando un café. Caminaba directo a mi, no vacilaba pero sin embargo se tomaba todo su tiempo. Tal vez se detenía a hablar con unas cuantas personas en la entrada pero siempre dirigiéndome la mirada como si telepaticamente dijera: "No te preocupes no me he olvidado de ti". Como deseo que se dejara de rodeos y viniera de una vez. La espera es lo peor. Estoy sentado sin moverme porque no hay ningún lugar al cual escapar, no hay nada que pudiera hacer para evitar esto que me estaba por ocurrir. Era la impotencia ante la muerte lo que me estaba exasperando deseando más estar muerto que esta dura agonía. No podía creer en la situación en la que me encontraba, sin poder actuar o decidir. Saber que todo lo que se me pudiera llegar a ocurrir no iba a servir de la nada. No iba a poder escapar de esta, mi cuerpo lo sabia y lo aceptaba por eso no manifestaba ningún signo de nerviosismo en el exterior pero en el interior... Ay si alguien pudiera ver en el estado mental en el que me encontraba! Hubiera sido el objeto de la mas grandes de las lastimas. En ese momento el dolor se había deshecho de las personas con las que anteriormente estaba conversando y volvió a su recorrido hacia mi mesa. No pude apartar mis ojos de los suyos como si fuera el más grande de los masoquistas, lo vi recorrer las demás mesas hasta llegar a la mía, tomar una silla y sentarse en ella. Encendió un cigarrillo y con un gesto me ofreció uno. Me dije a mi mismo "¿por qué no? ya que estamos" y lo acepte gentilmente. Tomo un encendedor del bolsillo de su traje, uno muy peculiar debo decir, encendió el suyo y luego el mio. Ambos aspiramos el dulce humo hasta llenar nuestros pulmones y luego exhalamos a la par, una nube de humo nos cubrió por completo hasta me pareció ver imagines en ella. Nos quedamos así, sentados uno alado del otro, fumando y mirando el reloj que marcaba las menos cuarto. Él hizo una pequeña muestra de orgullo y de satisfacción lo que me hizo pensar de nuevo en mi agonía. Si ella no aparecía dentro de quince minutos todo estaba acabado, para mi claro esta. Porque si algo era claro era que yo seria el único perjudicado de esta situación. Después de todo yo era el enamorado ¿no?
25 jul 2013
15 jul 2013
19 jun 2013
«¿Piensa ir a
vivir con ella?», le pregunté. Me dijo que
le sería difícil conseguir en otra ciudad un
trabajo tan interesante como el que yo le
había ayudado a encontrar y que, por otra
parte, a su novia le sería muy complicado
obtener una plaza aquí. Empecé a
maldecir (con bastante sinceridad) la
torpeza de la burocracia que no es capaz
de hacer posible que un hombre y una
mujer vivan juntos. «Tranquilícese
Ludvik», me dijo en un tono amable y
comprensivo, «la cosa no resulta tan insoportable. Gasto algo de tiempo y
dinero en viajar pero conservo mí soledad
y soy libre». «¿Para qué necesita usted
tanta libertad?», le pregunté. «¿Para qué
la necesita usted?», me devolvió la
pregunta. «Yo soy un mujeriego», le
contesté. «Yo no necesito la libertad por
causa de las mujeres, la quiero para mí
mismo», dijo y continuó: «Vayamos un
rato a casa, antes de que tenga que volver
al hospital». Era precisamente lo que yo
deseaba.
16 jun 2013
14 jun 2013
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