25 jul 2013

No era mediodía todavía pero el reloj de acercaba peligrosamente amenazando con los movimientos de las manecillas. Pensé que el tiempo estaba avanzando demasiado rápido pero no lo suficiente, si seguía así significaba que solo me quedaba menos de una hora de vida, o mejor dicho de felicidad, de una existencia cuerda pero la llegada de esa hora se estaba haciendo esperar. Era una muerte lenta y dolorosa la que estaba sufriendo, podía ver y sentir como mi esperanza empezaba a fallecer. El dolor seria insoportable ya lo estaba viniendo venir. Se acercaba directamente a la mesa en donde me encontraba sentado tomando un café. Caminaba directo a mi, no vacilaba pero sin embargo se tomaba todo su tiempo. Tal vez se detenía a hablar con unas cuantas personas en la entrada pero siempre dirigiéndome la mirada como si telepaticamente dijera: "No te preocupes no me he olvidado de ti". Como deseo que se dejara de rodeos y viniera de una vez. La espera es lo peor. Estoy sentado sin moverme porque no hay ningún lugar al cual escapar, no hay nada que pudiera hacer para evitar esto que me estaba por ocurrir. Era la impotencia ante la muerte lo que me estaba exasperando deseando más estar muerto que esta dura agonía. No podía creer en la situación en la que me encontraba, sin poder actuar o decidir. Saber que todo lo que se me pudiera llegar a ocurrir no iba a servir de la nada. No iba a poder escapar de esta, mi cuerpo lo sabia y lo aceptaba por eso no manifestaba ningún signo de nerviosismo en el exterior pero en el interior... Ay si alguien pudiera ver en el estado mental en el que me encontraba! Hubiera sido el objeto de la mas grandes de las lastimas. En ese momento el dolor se había deshecho de las personas con las que anteriormente estaba conversando y volvió a su recorrido hacia mi mesa. No pude apartar mis ojos de los suyos como si fuera el más grande de los masoquistas, lo vi recorrer las demás mesas hasta llegar a la mía, tomar una silla y sentarse en ella. Encendió un cigarrillo y con un gesto me ofreció uno. Me dije a mi mismo "¿por qué no? ya que estamos" y lo acepte gentilmente. Tomo un encendedor del bolsillo de su traje, uno muy peculiar debo decir, encendió el suyo y luego el mio. Ambos aspiramos el dulce humo hasta llenar nuestros pulmones y luego exhalamos a la par, una nube de humo nos cubrió por completo hasta me pareció ver imagines en ella. Nos quedamos así, sentados uno alado del otro, fumando y mirando el reloj que marcaba las menos cuarto. Él hizo una pequeña muestra de orgullo y de satisfacción lo que me hizo pensar de nuevo en mi agonía. Si ella no aparecía dentro de quince minutos todo estaba acabado, para mi claro esta. Porque si algo era claro era que yo seria el único perjudicado de esta situación. Después de todo yo era el enamorado ¿no?

15 jul 2013

“No traigan más una puta por acá”, les digo a mis pocos amigos, ” me voy a enamorar de una”.
Hay cosas peores que estar solo pero a menudo toma décadas darse cuenta de ello y más a menudo cuando esto ocurre es demasiado tarde y no hay nada peor que un demasiado tarde

19 jun 2013

Quiero hablar del frío: 
El frío es bueno para tomar café,
 para acostarse, para hacer el amor, 
para que nos digan "tienes las manos frías",
 para fumar y para no salir del cuarto.
 Para todo lo demás es malo el frío.
«¿Piensa ir a vivir con ella?», le pregunté. Me dijo que le sería difícil conseguir en otra ciudad un trabajo tan interesante como el que yo le había ayudado a encontrar y que, por otra parte, a su novia le sería muy complicado obtener una plaza aquí. Empecé a maldecir (con bastante sinceridad) la torpeza de la burocracia que no es capaz de hacer posible que un hombre y una mujer vivan juntos. «Tranquilícese Ludvik», me dijo en un tono amable y comprensivo, «la cosa no resulta tan insoportable. Gasto algo de tiempo y dinero en viajar pero conservo mí soledad y soy libre». «¿Para qué necesita usted tanta libertad?», le pregunté. «¿Para qué la necesita usted?», me devolvió la pregunta. «Yo soy un mujeriego», le contesté. «Yo no necesito la libertad por causa de las mujeres, la quiero para mí mismo», dijo y continuó: «Vayamos un rato a casa, antes de que tenga que volver al hospital». Era precisamente lo que yo deseaba.

14 jun 2013